En el periódico Prensa Libre, el domingo 26 de marzo, en una página completa de “Opinión” se presenta un mapa estadístico de los porcentajes de 22 lenguas maya-hablantes. En dicho reportaje se hacía mención de tres lenguas que están en peligro de desaparición; siendo la más significativa la Itza, en el departamento del Petén, donde algunos docentes tratan de hacer esfuerzos por mantener y ampliar esa limitada estadística.

Queremos hacer notar, en los porcentajes, que la lengua q’eqchi’ se encuentra en segundo lugar de hablantes, lo que significa que sobrepasa a las lenguas kaqchikel y mam, yendo después de la lengua kiché. Eso indica, no solo la estabilidad práctica de esa lengua, sino su crecimiento en la lecto-escritura. Se suele sostener que el idioma q’eqchi’ es el que cuenta con mayor número de manejo de la escritura materna. Este dato es significativo y puede referir al talante cultural de este pueblo, residente en las Verapaces, Petén, suroriente de quiché y Belice. No olvidemos que fue la lengua q’eqchi’ la primera de la socialización de la escritura entre sus hablantes.

Sin embargo, los firmantes de la página en Prensa Libre afirman que se ha reducido el porcentaje de maya-hablantes con respecto a períodos precedentes. Habrá que esperar al Censo Poblacional, que se hará el próximo año, aunque con las salvedades y riesgos de los criterios que se establezcan para identificar a los sujetos-hablantes de los idiomas mayas. Más allá de esas posibles limitaciones, el hecho objetivo es la reducción de hablantes en las lenguas mayas.

Es evidente que la mayor participación de niños y jóvenes en las escuelas de procedencia maya, está influyendo en el uso cotidiano de la lengua castellana y en el estrechamiento de la propia. Por otro lado los programas iniciales de Educación Bilingüe es las escuelas primarias cuentan con muchos defectos y la posibilidad de manejar el bilingüismo en toda la educación primaria, básico y diversificado sigue teniendo serios inconvenientes (financieros, docentes, estructurales, programáticos). El proyecto de elaborar un curriculum universitario en clave maya y el establecimiento de la Universidad Maya aún sigue siendo un “deseo de algunos sectores mayas más críticos y exigentes”, pero con silencio o indiferencia, al respecto, por parte de autoridades competentes. Al fin de cuentas esto revela que los pueblos indígenas en Guatemala, a pesar de pasar 20 años de ADIDPI (Acuerdo de Identidad y Derechos de los Pueblos Indígenas) y otros más, están siendo aplicados con estancamiento o lentitud.

La globalización, modernidad y mayor acceso de los sujetos indígenas, fuera de sus comunidades y regiones, está afectando a la conciencia de valoración de las lenguas maternas y al manejo más asiduo del idioma español. La escuela no facilita la valoración de lo propio, sino que se queda retenido en la periferia de la identidad. Prioriza los símbolos paternos, pero pasa superficialmente por el conocimiento de los orígenes, historia y consecuencias operadas. Se tiende a folclorizar la cultura maya y muy poco a cultivarla y estimular su realización y expresión cotidianas; hay docentes que siguen alimentando estereotipos negativos hacia los actores mayas. Guatemala sigue siendo una sociedad desigual y marcada por un dominio monocultural. En diversas ocasiones nos hemos referido, en este espacio, a la “necesidad de constitucionalizar la diversidad en Guatemala”, como bien y exigencia para todos y oferta de construcción pluralística ante otros pueblos. En Guatemala no podrá afirmarse la justicia y equidad, si no se asegura y constituye el valor de la diversidad, con todas sus implicaciones.

Pero la globalización y el proceso de cambio afecta a otros aspectos de las culturas de los pueblos indígenas, como son los valores tradicionales y prácticas de conducta que han mantenido el modelo familiar, la relación comunitaria, la dependencia y relación con la Madre Tierra, tradiciones y costumbres. Las transformaciones van penetrando en los cambios ético-morales. En muchos casos se pasa de una fase premoderna a otra postmoderna, sin recabar analítica y vitalmente los bienes de la modernidad. Sectores jóvenes de los pueblos indígenas asimilan miméticamente comportamientos que no favorecen la procesualidad normal de la dinámica cultural.

Todo este conjunto de situaciones indican que las culturas de los pueblos indígenas se van orientando hacia perfiles de borrosidad identitaria propia. Hay necesidad de acompañar a la juventud maya menos consciente y crítica a conocer y analizar el impacto de la globalización en sus vidas e identidades, acompañarles a valorar los “nucleos de sentido”, de sus culturas maternas, que sean necesarios y factibles de repensar en los nuevos contextos que propicia la globalización… Es imperativo, en fin, educar en un pensamiento crítico, capaz de analizar lo favorable y lo perjudicial que los estímulos de la globalización / modernidad piden, para que las generaciones jóvenes se posicionen en la participación digna y protagonista de “constituir legítimamente la diversidad en Guatemala”

Cobán Alta Verapaz.

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